TDAH en la Edad Adulta. Dificultades en el Diagnóstico y sus secuelas en el ámbito interpersonal

Escrito por Mercè Guillén Ballestar. el Jueves, 04 Diciembre 2014 Publicado en Déficit de Atención Lecturas: 2983

El Dr. Russell Barkley, gran comunicador y experto a nivel mundial en el TDAH,  en su ponencia en Madrid, en Diciembre de 2011, durante la IX Jornada Fundación Educación Activa, ya expuso con contundencia los graves riesgos que presentan los pacientes con TDAH en el ámbito de las relaciones sociales, y concluyó que “el TDAH es uno de los trastornos que produce mayor afectación social en el individuo y lo hace además en todas las facetas de su vida”.

TDAHPlanteó también que “si bien es uno de los peores trastornos que un individuo puede padecer, es también uno de los más tratables y uno para el que los profesionales de la salud mental y la neuropsicología, tenemos mejores y más seguros tratamientos”.  Barkley manifiesta además que “el verdadero problema del TDAH es que sólo un 10% de los adultos que lo padecen reciben en la actualidad un diagnóstico acertado”.

Las anteriores reflexiones de la máxima autoridad del TDAH, generan en cualquier profesional de la salud mental, la necesidad de ser extremadamente cautelosos al emitir el diagnóstico a un paciente adulto que acude a nuestro servicio, y que, como motivo de consulta, no nos va a realizar una demanda de ayuda específica sobre un trastorno que quizá no conoce, o que quizá si ha oído hablar de él, lo circunscribe a un problema de la infancia que se reduce al entorno escolar.

Como expertos en salud mental, se nos crea ya en este primer contacto con el paciente, la responsabilidad de plantearnos entre otros posibles trastornos, el TDAH como causa de las quejas que nos presenta y no debemos olvidarnos de que a algunos de los pacientes con TDAH no se les diagnostica hasta que llegan a la adolescencia, sobre todo cuando el trastorno es de tipo predominantemente inatento ya que este no suele generar problemas disruptivos en el aula o en el hogar.

En estos niños con TDAH no diagnosticados, el trastorno se vuelve más notorio, a medida que incrementan las exigencias académicas y se van acumulando sus   responsabilidades.

La adolescencia

La etapa de la adolescencia que requiere un esfuerzo de afrontamiento para cualquier niño, se convierte en un gran reto para aquellos que por su Trastorno de Déficit de Atención, se olvidan a menudo de las cosas cotidianas, no perciben adecuadamente los detalles, pasan con frecuencia de una actividad a otra, etc.

Estos adolescentes, se distraen con facilidad, les es imposible concentrarse en sólo una fuente de estímulos, se aburren sistemáticamente tras unos minutos, ante una actividad que no les sea placentera, y no tienen la capacidad adecuada para organizar y completar una tarea o realizar un nuevo aprendizaje. Tienden también, a extraviar a menudo, las pequeñas cosas que les son necesarias para completar sus entregas académicas o laborales. En el área interpersonal, son personas que parecen no escuchar cuando se les habla, que constantemente parecen soñar despiertos, que se confunden con facilidad y se les acusa de lentitud, cuando lo que les ocurre es que tienen dificultad en procesar la información de forma tan rápida y precisa como lo hacen sus iguales, siendo incapaces de seguir con precisión las instrucciones que les exige su entorno inmediato.

Algunos de estos adolescentes continúan padeciendo el trastorno cuando llegan a la etapa adulta, y son muchos de estos adultos  los que no son conscientes de ello. Viven con extrañeza y dificultad su imposibilidad para organizarse, mantener un empleo, recordar y cumplir con sus citas cotidianas y sortear los obstáculos a los que se exponen constantemente en su vida diaria. Muchas de las conductas que solemos tener automatizadas, para ellos se convierten en un esfuerzo. El llegar puntualmente a su trabajo, recordar un encargo realizado por su pareja, tener presente cuál es el lugar para dejar las llaves de casa al llegar, felicitar a sus amigos el día de su cumpleaños, etc.   

Estas dificultades descritas, observadas por la lente distorsionada de aquel que no sufre TDAH, generan gran incomodidad en la convivencia y ese suele ser uno de los motivos por los que acuden en busca de tratamiento, ya que si el paciente se distrae lo interpretamos como que nuestro discurso no le interesa, si está inquieto pensamos que quizá esté tratando de molestarnos, si se olvida de llamarnos, es que no nos quiere  lo suficiente o es un egoísta y si alza la voz o nos mira de manera intensa es que está  siendo agresivo.                                                        

Aquellos que no padecemos el trastorno, valoramos  los graves impedimentos sociales que sufre , como evitables y controlables por él, lo que genera gran enfado y frustración cuando no los consiguen controlar  y  estas personas intensamente sociales, tienden  progresivamente a verse aislados, siendo plenamente conscientes de lo que se les niega a causa de sus dificultades interpersonales.

La evolución del TDAH en adultos

Este adulto con TDAH, que todavía no ha recibido el diagnóstico adecuado o que quizá todavía no ha acudido a pedir ayuda a un profesional de la salud, podría presentar antecedentes de fracaso escolar, de relaciones difíciles o frustradas, puede haber sufrido múltiples accidentes de tráfico, etc. Cuando acuden finalmente a la consulta, durante la entrevista clínica, pueden parecer inquietos y suelen referir a menudo un largo historial de proyectos iniciados que nunca han llegado con éxito a su fin, así como, tendencia a resolver sus conflictos con soluciones rápidas, impacientes, en lugar de cerciorarse de dar pasos seguros en la toma de decisiones,  decisiones que si hubieran sido más meditadas, seguramente les hubieran conducido a mayores recompensas, sea cual sea su ámbito de ejecución.

Cuando un adulto, acude a nuestra consulta en busca de tratamiento a su malestar, es poco probable que la razón que lo lleve a buscar ayuda, sea creer que padece TDAH o que los síntomas que padece  estén relacionados con dicho trastorno. Es posible que como motivo de consulta, nos manifieste quejas relacionadas con un estado de ansiedad, que se haya originado por experiencias en el pasado y se mantenga en la actualidad.

No debemos olvidar que la ansiedad, que es un estado común entre la población normal y uno de los motivos de consulta más frecuentes, incrementa su frecuencia en los individuos con TDAH, para quienes se estiman índices de comorbilidad de un 25% (Biederman et al., 1993), si bien en la práctica clínica, estos índices de comorbilidad parecer ser mayores.

Así pues, es posible que debido a un historial de problemas académicos, fracaso escolar y dificultades en las relaciones interpersonales, el paciente se presente a nuestra consulta manifestando problemas de ansiedad generalizada o ansiedad social. La ansiedad social,es una de las fuentes de ansiedad más común del paciente con TDAH, pues este, se encuentra  a menudo en situaciones sociales a las que puede responder con  conductas de evitación, con dificultad para adherirse a las normas o con dificultad para inhibir conductas no deseadas.

Es paradójico que un individuo, con gran necesidad de intercambio social, por su falta de confianza y su ansiedad se vea inducido a evitar situaciones sociales.  Debido a que presentan estrategias disfuncionales, que terminaran en crítica persistente de su entorno, estos pacientes, generan intranquilidad ante nuevas tareas y  situaciones sociales, desarrollan  ansiedad anticipatoria  ante las escenas que anteriormente han sido frustrantes para él (fracasos repetidos en el ámbito interpersonal, académico y laboral). Reviviendo experiencias negativas de la infancia y la adolescencia que en la época de la adultez la generan timidez o susceptibilidad y  le conducen a responder erróneamente ante determinadas situaciones, sea con aislamiento o el ataque  impulsivo.

TDAH

Estas situaciones negativas, sean de tipo social o las que les generaron ansiedad de ejecución en su desempeño,  el paciente con TDAH, las resuelve de manera inapropiada por errores de juicio, y le provocan perder la habilidad de interactuar con seguridad ante los demás. El adolescente  manifiesta preocupación por no ser capaz de conseguir sus logros académicos, y el adulto logros en el ámbito profesional.  Sufren un interés desmesurado por su competencia en las diferentes tareas de la vida cotidiana, inmersos en  esta sociedad rápida y ocupada, en la que los individuos con TDAH se exigen más la rapidez que una correcta ejecución, y dónde a menudo al obligarse a actuar bajo un ritmo acelerado tienden a cometer errores y a fracasar.

La ansiedad que a todos nos incrementa las dificultades atencionales y la impulsividad, inhibiendo el pensamiento racional, es una mala compañera para un paciente con TDAH, que cuanto más necesita concentrarse, manifiesta de manera más pronunciada sus síntomas, volviéndose más vulnerable y generándole un desempeño menos competitivo.

El paciente con TDAH, a menudo reporta en la consulta una disposición general de ansiedad ante todo, ya que el sentimiento de diferencia ante sus iguales le lleva a compararse regularmente con los demás, prestando atención selectiva a sus propias características, percibiéndolas tan negativas en él como positivas en los demás.

Así pues tras este largo periplo, el profesional de la salud mental que recibe a dicho paciente, tiene la responsabilidad que le otorga su profesión, para poner todos los medios y conocimientos a su alcance realizando una  correcta evaluación, ofreciendo un diagnóstico adecuado, interesándose y atendiendo a los antecedentes del paciente en cuanto a sus conductas en la infancia. Debe preguntar sobre su historial escolar y sus logros académicos, así como realizar una heteroentrevista con su pareja, padres o amigos cercanos que le proporcionen información y le arrojen luz sobre si la variada gama de síntomas que este refiere en la actualidad, ya tuvieron inicio en su niñez y han continuado presentes en su vida de adulto. Debe completar la historia clínica con el uso de cuestionarios específicos para el examen del TDAH en adultos, sin olvidar la subjetividad que estos conllevan,  y realizar la exploración neuropsicológica pertinente obteniendo de todos estos datos, la información suficiente como para ser riguroso en el diagnóstico o en su defecto acercarse lo máximo posible.

Algunos de estos adultos que acuden a nuestra consulta, expresan un gran alivio ante el diagnóstico de TDAH pues con el peso de los años habían ido generando muchos sentimientos negativos hacia sí mismos y al recibir y comprender un diagnóstico que justifica la existencia de sus problemas, así como la posibilidad de un tratamiento multidisciplinar que la permite afrontarlos con eficacia, les abre la posibilidad hacia una forma de vida distinta a la que tenían hasta el momento.

Conclusión: las Dificultades para diagnosticar TDAH en adultos

Concluyo pues que, existen en el adulto con TDAH manifestaciones adicionales que se presentan a la par de sus síntomas principales, éstas hacen difícil y pueden confundir nuestro diagnóstico, ya que lo que el paciente nos puede presentar como motivo de consulta principal,  podría ser atribuido en el caso de los pacientes con TDAH a los síntomas de éste. Estas quejas pueden incluir desde discapacidad en las relaciones sociales, ansiedad, labilidad emocional, dificultad en la resolución de conflictos, frustración y fácil descontrol emocional, baja autoestima, trastornos de sueño, abuso de sustancias,…

Así pues no olvidemos que realizar un adecuado diagnóstico requiere recavar información extensa y realizar una exhaustiva valoración y evaluación en todos los campos (médico, psicológico, neuropsicológico, académico, social y familiar) y contrastar dicha información tanto con el paciente como con los familiares con los que convive , pueden proporcionarnos información de sus experiencias en el pasado.

TDAH

Sólo realizando una intensa entrevista clínica y exploración adecuada podemos tener garantía de que estamos ante un diagnóstico acertado y no ante una mala estimación o un error de diagnóstico.

Un diagnóstico correcto y un buen abordaje inicial, son fundamentales a la hora de elegir la mejor intervención para nuestro paciente, sea farmacológica, psicológica o combinada según el caso. De este modo se garantiza una intervención que motive al paciente para integrarse en un proceso de cambio, que le permita distinguir cuales de sus problemas están directamente asociados a sus síntomas de TDAH ,dándole a conocer  su trastorno, lo que le permite aceptarlo y adaptarse a él, brindándole una intervención cognitivo-conductual y de entrevistas motivacionales que le permitan desarrollar y utilizar habilidades y estrategias de afrontamiento que tenía en desuso hasta este momento, y que le permitan estar a la altura de las exigencias psicológicas, sociales y laborales que se le demanda como adulto.

Acerca del Autor

Mercè Guillén Ballestar.

Mercè Guillén Ballestar.

Mercè Guillén Ballestar.

Alumna del Máster AEPCCC de Neuropsicología. 2013. 

Comentarios (0)

Déje un comentario

Estás comentando como invitado. Autentificación opcional debajo.

Este sitio web utiliza cookies para mejorar la experiencia de usuario y garantizar su correcto funcionamiento. Puede cambiar la configuración u obtener más información si consulta nuestra Política de Privacidad.

Acepto las cookies de este sitio

EU Cookie Directive Plugin Information