Psicofarmacología sexualmente específica y relacionada con la función sexual

Escrito por María García Ríos el Lunes, 26 Octubre 2015 Publicado en Neuropsicología, Sexología y Terapia de Pareja Lecturas: 2335

La psicofarmacología afecta de forma distinta a uno y otro sexo, aún así desde una sencilla perspectiva psicofarmacológica, la respuesta sexual humana se puede dividir en tres fases, cada una de ellas con funciones de neurotransmisión distintas y relativamente diferenciadas.

Los neurotransmisores y la psicofarmacología de la respuesta sexual humana

Psicofarmacología sexualmente específica y relacionada con la función sexual

La primera etapa es la líbido, está ligada al deseo de sexo o impulso sexual, e hipotéticamente es un fenómeno dopaminérgico mediado por el “centro de recompensa” dopaminérgico mesolímbico. Se ha planteado la hipótesis de que la prolactina tiene una influencia negativa en el deseo sexual, lo cual resulta interesante dado que hay una relación inversa entre la prolactina y la dopamina. Sin embargo, la relación entre la prolactina y la disfunción sexual no está bien documentada y todavía se comprende bastante poco.

La segunda etapa es la excitación o arousal; esto es la excitación de los genitales periféricos. En los hombres esto se traduce en erección; en las mujeres, en lubricación e hinchazón. Este tipo de excitación prepara los genitales para la penetración y el acto sexual. El mensaje de la excitación se inicia en el cerebro, se envía a través de la medula espinal, luego va hacia las fibras nerviosas autónomas periféricas que son tanto simpáticas como parasimpáticas, luego hacia los tejidos vasculares, y finalmente llega a los genitales. En todo este trayecto intervienen al menos dos neurotransmisores claves: la acetilcolina, en la intervención parasimpática autónoma de los genitales, y el óxido nítrico, que actúa en el músculo liso de los genitales. Tanto la acetilcolina como el óxido nítrico (NO) provocan la erección en los hombres, y la lubricación e hinchazón en las mujeres.  Parece poco verosímil que el óxido nítrico, un gas venenoso e inestable, actúe como neurotransmisor, pero lo cierto es que tanto en las neuronas como en el pene se producen síntesis del NO. Ciertas neuronas y tejidos poseen la enzima óxido nítrico sintetasa (NOS), que forma NO a partir del aminoácido L-arginina. Luego el óxido nítrico se difunde a las neuronas adyacentes o al músculo liso, y provoca la formación del segundo mensajero guanosina monofosfato cíclico (GMPc) activando la enzima guanilil ciclasa (GC). El óxido nítrico no se produce por adelantado ni se almacena, sino que parece ser que fabrica según se va necesitando y se libera por simple difusión. El glutamato y el calcio pueden desencadenar la formación de NO por activación de la NOS.

En cambio, no hay receptores de membrana del NO, lo que contrasta llamativamente con los neurotransmisores clásicos, que cuentan con numerosos tipos y subtipos de receptores de membrana en las neuronas. En lugar de ello, la diana del NO es el hierro en el sitio activo del GC. Una vez que el NO se une al hierro, se activa el GC y se forma el GMPc. La acción del GMPc se ve interrumpida por una familia de enzimas conocidas como fosfodiesterasas (PDE), que adoptan formas diversas según el tejido.

Al relajar el músculo liso en los vasos sanguíneos del pene, el NO puede regular las erecciones peneanas, permitiendo la sangre fluir hacia el pene.

La tercera etapa de la respuesta sexual humana es el orgasmo, acompañado de la eyaculación en los hombres. Las fibras serotoninérgicas espinales descendientes ejercen acciones inhibidoras sobre el organismo a través de los receptores 5HT2A. Las fibras noradrenérgicas espinales descendientes y la intervención simpática noradrenérgica de los genitales facilitan la eyaculación y el orgasmo.

La disfunción eréctil

La impotencia, o incapacidad de mantener una erección lo suficiente para completar el coito, se denomina más correctamente disfunción eréctil. Entre las múltiples causas de la disfunción eréctil se incluyen la insuficiencia vascular, diversas causas neurológicas, la patología endocrina, las drogas, la patología local del pene, y diversos problemas psicológicos y psiquiátricos.

En los casos en que el deseo del coito está presente pero la señal no puede llegar al final, de modo que no se forma el GMPc suficiente, y, por tanto no se da la erección, se puede compensar la insuficiente formación de GMPc con una ralentización del ritmo de su destrucción inhibiendo la enzima que normalmente descompone el GMPc en el pene, la fosfodiesterasa tipo V, con un inhibidor de la enzima llamado sildenafil (Viagra). Curiosamente el sildenafil sólo funciona si el paciente está mentalmente interesado en el acto sexual y trata de excitarse, de modo que se envíen señales al pene siquiera débiles (es decir, nofunciona durante el sueño).

La relajación del músculo liso constituye, pues, el elemento clave para mantener una erección. La administración de prostagladinas también puede relajar el músculo liso peneano y favorecer las erecciones de una forma que imite los mecanismos fisiológicos típicos. Así, una inyección intrapeneana de la prostaglandina alprostadil produce erecciones no sólo en hombres con causas orgánicas de impotencia, sino también en los que presentan causas funcionales, e incluso en la situación común de las causas multifactoriales. Entre las limitaciones de este métido, algo masoquista, se incluye la falta de disposición a aplicarse uno mismo una inyección, la escasa posibilidad de espontaneidad y posibilidad de obtener una erección prolongada y dolorosa, lo que se denomina priapismo. La administración de prostagladida causa una erección tanto si el hombre está mentalmente excitado como si no.

Otros fármacos también pueden afectar a la excitación sexual, incluyendo algunos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), que pueden inhibir indirectamente la NOS y, por tanto, pueden causar disfunción eréctil, y algunos agentes dopaminérgicos, que potencian la NOS y también pueden contribuir en un momento dado a dicha disfunción. Así, diversos agentes como los antipsicóticos y los antidepresivos tricíclicos, y otros con propiedades similares, pueden causar disfunción eréctil.

El estrógeno como factor neurotrófico del cerebro

Los estrógenos ováricos, en especial el 17-beta-estradiol, regulan la función reproductora y tienen profundos efectos en los tejidos reproductores de las mujeres, las mamas y el útero. Recientemente se están empezando a apreciar la diversidad de efectos que los estrógenos pueden tener en el cerebro, especialmente en las regiones cerebrales ajenas a las áreas que se sabe intervienen en el control de la función reproductora y la diferenciación sexual. Estos efectos neuronales están mediados por los mismos tipos de receptores de estrógenos que existen en otros tejidos, y tienen acciones tróficas en el cerebro del mismo modo que las tienen en otros tejidos. En el cerebro, las acciones tróficas del estrógeno desencadenan la expresión de genes que llevan a la formación de sinapsis.

El estradiol modula la expresión genética uniendo a los receptores de estrógeno. Los receptores de estrógeno difieren de unos tejidos a otros, y pueden diferir también de unas regiones cerebrales a otras. Además de las diversas formas de receptores de estrógeno, hay receptores para la progesterona y los andrógenos, así como para otros esteroides como los glucocorticoides y los mineralcorticoides. A diferencia de los receptores de neurotransmisores localizados en la las membranas neuronales, los receptores del estradiol se hallan situados en el núcleo neuronal para encontrar sus receptores, que, en consecuencia, se localizan cerca de los genes en los que van a influir. A estos genes se les denomina elementos de respuesta estrogénica.

La expresión de esos elementos de respuesta estrogénica en el ADN de la neurona progresa generalmente de la misma manera que la expresión de otros genes neuronales. La activación de los elementos de respuesta estrogénica por parte del estradiol requiere el acoplamiento de dos copias del receptor de estrógeno para formar un factor de transcripción activo capaz de poner en marcha al elemento de respuesta estrogénoica. Una vez que los receptores de estrógeno son activados por el estradiol formando factores de transcripción, éstos activan la expresión genética por parte de los elementos de respuesta estrogénica en el ADN de la neurona, Entre los productos génicos expresados se incluyen factores tróficos directos como el factor de crecimiento nervioso (NGF) y el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), que pueden facilitar la sinaptogénesis y evitar la apoptosis y la neurodegeneración.

Entre los productos génicos se incluyes también enzimas sintetizadoras de neurotransmisores para los sistemas de neurotransmisión monoaminérgica clave que regulan el estado de ánimo y la memoria. Así la presencia de estradiol puede resultar fundamental para el adecuado funcionamiento de las monoaminas serotonina y norepinefrina en las mujeres. Los hombres adultos no responden al estrógeno del mismo modo. La presencia de estradiol en las mujeres de edad avanzada también puede ser clave para el adecuado funcionamiento de la acetilcolina  en el núcleo basal de Meynert. Ello podría explicar el naciente papel del estrógeno en el tratamiento de patologías de la memoria y del Alzheimer en las mujeres de edad avanzada.

Se puede observar espectaculares evidencias de las propiedades tróficas del estrógeno en las neuronas del hipotálamo y del hipocampo en hembras de animales experimentales adultos en cuestión de días y en un solo ciclo menstrual. Durante la primera fase del ciclo los niveles de estradiol aumentan, concretamente en el hipocampo ventromedial y en las neuronas piramidales del hipocampo en el caso de las ratas hembra. La administración de progesterona potencia rápidamente este efecto, de modo que la formación de espinas alcanza el máximo cuando también lo alcanzan tanto el estrógeno como la progesterona, justo después de la primera mitad del ciclo. Sin embargo, una vez que los niveles de estrógeno descienden significativamente y los niveles de progesterona continúan aumentando, la presencia de progesterona sin estrógeno desencadena la regulación a la baja de dichas espinas y la eliminación de las sinapsis hacia el final del ciclo del estro. Una hipótesis para explicar los mecanismos de esta formación y eliminación cíclica de las sinapsis es la de que el estrógeno puede ejercer su influencia trófica a través de los bajos niveles de activación del glutamato en ausencia de estrógeno, cuando la progesterona sola produce la excitotoxicidad y la destrucción de esas mismas espinas y sinapsis.

Otra evidencia de las influencias del estrógeno proviene de lo que ocurre cuando los efectos del estrógeno son bloqueados por los antagonistas de los receptores estrogénicos. El tamoxifeno es un antagonista de los receptores de estrógeno que se utiliza en el tratamiento del cáncer de mama, especialmente para tumores mamarios que se expresan como receptores estrogénicos. El bloqueo de dichos receptores en las células cancerosas mamarias con tamoxifeno desencadena la apoptosis (muerte celular programada), presumiblemente debido al bloqueo del efecto trófico del estrógeno en dichas células tumorales. Curiosamente, el tamoxifenoes un antagonista parcial en la preservación de la mineralización ósea y en la reducción del colesterol. Es también un antagonista de los receptores de estrógeno en el cerebro, dado que puede inducir una depresión que resulte difícil de tratar con antidepresivos. Así pues, todos los estrógenos individuales como el estradiol y el tomoxifeno presentan actividades agonistas, agonistas parciales o antagonistas selectivas para cada tejido. Esto se aplica también a la nueva clase de estrógenos conocida como moduladores selectivos de los receptores (MSRE), cuyo miembro disponible más reciente es el raloxifeno. Estas observaciones también podrían explicar por qué algunas mujeres responden de manera distinta a una preparación estrogénica que a otra, y, desde una perspectiva conductual, por qué pueden presentar diferentes respuestas emocionales y cognitivas a una preparación estrogénica que a otra. Por desgracia, todavía se ha trabajado poco para distinguir los efectos farmacológicos de las diferentes preparaciones estrogénicas disponibles al unirse a los receptores de estrógeno del cerebro, y la única forma de detectar dichas diferencias en actividades agonistas, agonistas parciales o antagonistas del estrógeno, selectivas en función de los tejidos, de la región cerebral o individuos. Puede haber incluso diferencias dependientes de estado en la expresión de los elementos de respuesta estrogénica del ADN, que varíen a lo largo del ciclo biológico femenino o que varíen en función de la presencia o la ausencia de un trastorno emocional o cognitivo.

Bibliografía:

  • Stahl, S.M. (2010). Psicofarmacología esencial. Bases neurocientíficas y aplicaciones clínicas. Barcelona, España: Editorial Planeta
  • Belloch, A., Sandín, B. y Ramos, F. (2010). Manual de psicopatología. Mdrid, España: Mc Graw-Hill

Acerca del Autor

María García Ríos

María García Ríos

María García Ríos

Máster en Neuropsicología AEPCCC

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