La prisión del deseo...

Escrito por Mónica el Jueves, 20 Junio 2013 Publicado en Sexología y Terapia de Pareja Lecturas: 4077

“Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos y por eso la vida vale la pena”.  Paulo Coelho.
“A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear”. Marcel Proust.
“Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia”. Henry Miller.
La Prisión del DeseoEduard Punset afirma en su libro “El alma está en el cerebro”:
 
“El deseo nos saca de nosotros mismos, nos desubica, nos dispara y proyecta, nos vuelve excesivos, hace que vivamos en la improvisación, el desorden y el capricho, máximas expresiones de la libertad llevada al paroxismo.  El deseo reivindica la vida, el placer, la autorrealización, la libertad. Unos planifican su vida, mientras que otros la viven al ritmo que les marca el deseo. El deseo de vivir y de hacerlo a su manera. Por eso sus autobiografías son más descriptivas que explicativas, pues sus vidas no tanto se deben a los resultados u objetivos cumplidos, sino al sentido inherente al mismo proceso de vivir. Y este proceso, de uno u otro modo, lo establece siempre el deseo.  Si bien el deseo rebosa incertidumbre acerca del itinerario, a muchas personas les garantiza la seguridad en cuanto a los pasos dados.  Bien entendido el deseo no es una voz oscura, confusa y estúpida, sino que - en una persona madura - es luminosa, clara e inteligente. Las emociones están en la base de los deseos y de la inteligencia se dice que es emocional. Visto de este modo, el deseo se convierte en el portavoz de uno mismo”.
 

¿Fantasías poco realistas?

Según Lacan las fantasías tienen que ser poco realistas, porque en el momento, en el instante, que consigues lo que buscabas, ya no lo quieres, no puedes quererlo. Para que el deseo pueda seguir existiendo necesita que sus objetos estén permanentemente ausentes, no es eso lo que deseas sino la fantasía de eso, es decir, que el deseo sustenta fantasías utópicas. A eso se refiere Pascal cuando dice: “Sólo somos verdaderamente felices cuando soñamos con la futura felicidad”, “La cacería es más dulce que lo cazado” o “Ten cuidado con lo deseas”; no por conseguirlo sino porque estás condenado a no quererlo en cuanto lo consigas. Así la lección de Lacan es: “Vivir acorde con tus deseos no te hará feliz; ser enteramente humano significa esforzarte por vivir de acuerdo con ideas e ideales y no evaluar tu vida por lo que hayas obtenido en cuanto a tus deseos, sino por aquellos breves momentos de integridad, compasión, racionalidad, incluso de abnegación; porque a la larga, la única manera de evaluar la relevancia de nuestra vida, es valorar la vida de otros”...
 
Algunos de los lectores estarán de acuerdo con lo que decía Lacan y otros no, pero de una forma u otra podemos plantearnos un par de cuestiones: ¿nos permitimos “regalarnos” nuestros deseos o vivimos en un constante anhelo de lograr lo que deseamos?. ¿Dejamos que los instintos broten de nuestro interior o simplemente nos dedicamos a boicotearlos?...

La Prisión del Deseo

En ocasiones, limitamos aquellos pequeños placeres que realmente nos hacen “desear”, “disfrutar”, “vibrar”, “apasionarnos”, “enloquecer”, “volar”,.., y caminamos por encima de nuestra propia vida sin apenas rozarla… No nos permitimos “acariciar”, “sentir”, “morder”, “devorar”, “explorar”,…, nuestras inquietudes y bloqueamos el inmenso potencial que emana de cada uno de nosotros/as.
 

Aprender a "mirar" y "escuchar" qué deseamos

Quizá necesitamos aprender a “mirar” y “escuchar” qué deseamos y no tanto qué “deberíamos” tener para alcanzar nuestros deseos. Llegamos a limitar tanto, e incluso bloquear, nuestros deseos que finalmente nos perdemos en el camino y perdemos el interés por ellos. Tal vez no se trata de limitarlos y encadenarnos a ellos sino reajustar dónde empiezan y dónde acaban dichos límites respetando nuestras
necesidades.
 
Por ejemplo, en una relación de pareja (amorosa o puramente pasional) tendemos a “interpretar el deseo del otro/a o esperar que el otro/a “sepa” lo que deseamos”… Basar nuestro lenguaje en las interpretaciones difícilmente cumplirá con las expectativas que queremos alcanzar. La ausencia de comunicación provoca “caos” e impide disfrutar del deseo, nos frustramos esperando que el otro “adivine” qué nos provoca placer y anhelamos que cumpla lo que deseamos pasando por alto que no es “adivino”. Existen muchas formas de comunicar qué nos apetece o qué deseamos en un momento determinado sin necesidad del “abuso” de las palabras, podemos comunicarnos a través del lenguaje corporal, inmensamente rico: “Mirar”, “sugerir”,“insinuar”, “solicitar”, “pedir”, etc., explorar un lenguaje diferente que nos permita perdernos, aunque sea por unos instantes, en la pasión y el deseo…
 

El papel de la reflexión

Pero… ¿es mejor dejarse llevar por el análisis, la reflexión o debemos actuar de acuerdo a nuestro sentir más inmediato sin temor a equivocarnos?. Krishnamurti y otros filósofos han resaltado la importancia “de sentir”, que deriva en un estado meditativo, donde la realidad no está siendo pensada (todo lo pensado está en el pasado) sino que está siendo sentida o vivida simultáneamente con su fluir, sin comparaciones, análisis o reflexión.
 
Entonces podemos cuestionarnos… ¿Caeríamos en la más salvaje de las conductas al dejarnos llevar por nuestros simples instintos, el sentir primigenio, sin aplicar la reflexión derivada de la experiencia?. Reducir todos nuestros actos únicamente al pensamiento nos convierte en máquinas cuyo funcionamiento sigue un protocolo muy reglado que inhibe y anula la creatividad.
 
¿Dónde está el límite que nos permitirá ser creativos sin destruir, ser calculadores sin amputar, ser, finalmente, humanos?..
 
La vida es un aprendizaje, “sentir y pensar” son dos funciones de una misma estructura y cada parte tiene una función. Cuando aprendamos a usarlas coordinadamente y las apliquemos a las situaciones para las que fueron diseñadas, dejaremos de sentir cuando hay que pensar y viceversa.
 
“El éxtasis amoroso se logra con un trabajo de irrealización, con una ansia apresurada de la realidad de un futuro goce que no se encuentra todavía. Romeo y Julieta quieren estar juntos, pero... ¿alguna vez lo logran?. En cambio sienten que se han encontrado. Tienen muy presente imágenes posibles para encandilarse con el propósito de devorarse por un fuego de amor arrancado a costa de exaltar la necesidad de que el amor exista. Lo que es pura exaltación maravillosa se lleva bien con los obstáculos que alargan o imposibilitan la realización de lo anhelado”. Principios de Psicoterapia. José Luis Catalán
Bitrián.

Acerca del Autor

Mónica

Mónica

Psicóloga

Coordinadora del Máster Sanitario Online Selección de Práctica Clínica de la AEPCCC

Comentarios (1)

  • Rita García

    Rita García

    30 Abril 2014 a las 18:52 |
    Hola Mónica, podrías poner tus apellidos?? es que necesito referenciar éste documento en un trabajo y necesito saber el primero aunque sea.

    Gracias!

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