¿Está de moda el TDAH?

Escrito por Daniel López el Jueves, 07 Noviembre 2013 Publicado en Déficit de Atención Lecturas: 4571

El TDAH es uno de los trastornos más estudiados en Psicopatología Infantil, como se refleja en la ingente cantidad de libros, manuales, artículos, investigaciones, etc. publicados sobre este tema. No en vano, es uno de los trastornos más frecuentes en la infancia, con una prevalencia media (existe gran variación entre estudios epidemiológicos) de un 5 % de la población en edad escolar, en un rango de edad situado entre los 6 y los 12 años.

TDAHPero la pregunta que da título a este artículo no se refiere a si el TDAH está de moda por el volumen total de información que genera o por la cantidad de niños afectados entre la población general. En cambio, sí hace referencia a la siguiente observación que podemos realizar en nuestro entorno: parece que últimamente hay más casos de niños hiperactivos.

La pregunta, por tanto, quedaría formulada de manera más concreta como sigue: ¿está de moda el diagnóstico de TDAH?”

Vamos a tratar de responderla.

Comenzaremos recordando algunas nociones básicas del trastorno. Existe un amplio consenso en caracterizar al TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) en base a 3 síntomas nucleares:

  • Déficit atencional: se manifiesta a tres niveles:
    • Atención selectiva: la que permite ignorar estímulos irrelevantes;
    • Atención dividida: la que distribuye y desplaza el foco atencional entre varias tareas que se presentan en el ambiente;
    • Atención sostenida: la que mantiene el foco durante amplios periodos de tiempo, específicamente sobre tareas ya conocidas o poco atractivas. Sin embargo, sobre tareas nuevas o interesantes (para el niño en cuestión), la ejecución es significativamente mejor, lo que apunta hacia un sesgo atencional más que hacia una deficiencia global en este sentido. Es en este dominio donde se evidencia mayor afectación.
  • Hiperactividad: se trata de una inquietud motora que despliegan en la mayoría de situaciones, y que resulta obviamente llamativa en momentos en que las exigencias del medio requieren permanecer sentado, en silencio, etc.
  • Impulsividad: se refiere a la dificultad para inhibir las respuestas que no resultan apropiadas a la demanda de la situación concreta en que se encuentra el niño, y que se manifiesta de múltiples formas, como interrumpir conversaciones fuera de turno o con temas tangenciales, responder a una pregunta antes de haber sido formulada por completo, tocar objetos a pesar de las prohibiciones, iniciar una acción sin haber tenido en cuenta las posibles consecuencias (subirse a un lugar alto sin considerar la forma de bajar, cruzar la calle sin mirar, etc.).

Uno de los modelos propuestos para la explicación sobre el origen del TDAH que tiene gran aceptación, es el Modelo de Inhibición (Barkley, 1997), que sostiene que un déficit a nivel central en la inhibición de conductas afectaría a 4 funciones ejecutivas directamente relacionadas con aquélla: memoria operativa, autorregulación de la motivación y la emoción, internaliza-ción del lenguaje, y procesos de análisis-síntesis. Como resultado final, el control motor de conductas dirigidas a metas (en el córtex prefrontal) y otros sistemas involucrados en las conductas propositivas (sensorial, lingüístico, mnésico y emocional), serían afectados.

Sintomatología

Todo ello confluye en una sintomatología que presenta gran variabilidad de unos niños a otros, y que interfiere en una amplia diversidad de ámbitos:

  • Escolar, donde las exigencias propiamente académicas y también disciplinares y de convivencia, hacen necesarias intervenciones que, cuando menos, reduzcan los síntomas.
  • Familiar, manifestada a través de desobediencia o inadecuación a las normas, dificultades en el aprendizaje de hábitos y de habilidades de autonomía personal, actividad constante, y conductas que pueden generar accidentes domésticos. Todo ello influye negativamente en el ambiente familiar, aumen-tando los niveles de estrés y los sesgos atribucionales de los padres sobre la intencionalidad de sus hijos sobre tales conductas, con la consiguiente retroalimentación y perpetuación de los síntomas.
  • Social, dificultando las interacciones sociales y la integración en las actividades de su comunidad, y generando situaciones peligrosas a nivel de seguridad vial o de conductas que pueden constituir riesgo físico.

Otro aspecto importante, esta vez referido a la evaluación del TDAH, es la dificultad existente a la hora de realizar el Diagnóstico Diferencial respecto a otros problemas o trastornos. Un dilema significativo se presenta a la hora de determinar hiperactividad en un rango de edad en que el propio nivel de actividad presenta una elevada variabilidad, con el riesgo de generar de esta manera falsos positivos. Consecuentemente, otras manifestaciones propias de niños activos como interrumpir conversaciones o dejar tareas inacabadas, podrían dar lugar al mismo efecto, pero esta vez referido a los síntomas de inatención e impulsividad.

Otro aspecto que también podría originar diagnósticos no suficientemente justificados es el hecho de presentarse hiperactividad asociada a una sola situación o a un entorno concreto. Se trataría de una hiperactividad situacional o reactiva, reflejo de una reacción a las demandas específicas de tal situación (ya sea estrés familiar, o dificultades en el colegio, o un ambiente poco estimulante, etc.), que se diferencia de la hiperactividad general propia del TDAH en que ésta se despliega en multitud de situaciones, tanto en casa como en el colegio, con la familia, con los amigos, en actividades lúdicas en el tiempo libre, etc.

Refiriéndonos ahora al diferencial respecto a trastornos con entidad nosológica propia, cabe mencionar en primer lugar, el trastorno negativista desafiante y el trastorno disocial. En éstos, los síntomas aparecen en situacio-nes impuestas (de obligado cumplimiento), y también se evidencia resistencia activa (hostilidad...) a aceptar las exigencias de figuras de autoridad. En cambio, los síntomas del TDAH están presentes en todo tipo de situaciones, tanto impuestas como voluntariamente elegidas por los niños, y además falta esa intencionalidad desafiante cuando no obedece (ya que se debe a la distracción).

Otros trastornos que hay que diferenciar son: retraso mental, trastornos generalizados del desarrollo (TGD), trastornos del estado de ánimo, etc.

Por otra parte, la alta comorbilidad que presenta el TDAH sería un factor añadido a la complejidad y afectación del trastorno. Más del 50 % de niños que presentan TDAH tienen otros trastornos, que por orden de prevalencia serían: trastorno negativista desafiante, trastornos de ansiedad (específicamente, trastorno de ansiedad generalizada y trastorno de ansiedad por separación), trastorno disocial, y trastornos de aprendizaje (TA) específicos, con entidad definida (más allá de las dificultades en el ámbito escolar resultado de la inatención e hiperactividad) como trastorno de la lectura, trastorno del cálculo, trastorno de la expresión escrita, trastornos del lenguaje, y trastorno del desarrollo de la coordinación (motora). También cabe mencionar la depresión. Como resultado lógico, la comorbilidad añade gravedad y aporta un peor pronóstico, por lo que no resulta extraño que los niños que presentan TDAH asociado a otro trastorno tengan una evolución menos favorable.

El último factor que apunta a una posible moda de diagnósticos de TDAH es el modelo de desarrollo psicológico implícito en las sociedades modernas. Con esto hacemos referencia a:

  • Los refuerzos inmediatos proporcionados a los niños en forma de bienes de consumo: escasos méritos necesarios para conseguir juguetes, publicidad dirigida directamente al público infantil, etc.
  • Las actividades pasivas a nivel cognitivo: videojuegos, televisión, internet...
  • La ausencia de una educación global en la no-violencia y una educación en valores, por parte de los padres, en el colegio, y en la sociedad, fomentando (directa o indirectamente) el individualismo y no erradicando los modelos violentos de conducta.

TDHATodo ello favorece la intolerancia a la demora del refuerzo, interfiere en el desarrollo de la atención sostenida, fomenta el desarrollo de procesos mentales poco reflexivos, así como el aprendizaje cercenado de estrategias de autocontrol, un bagaje mínimo de habilidades sociales, y una cultura del mínimo esfuerzo, consecuencias todas ellas que podrían estar contribuyendo a que los niños con TDAH sean más disfuncionales que si estas circunstancias fueran más favorables.

A modo de conclusión, resumimos los cuatro factores desarrollados hasta ahora que están contribuyendo a la aparente moda de diagnósticos de TDAH :

  • La afectación global de todos los ámbitos de la vida de un niño (escolar, familiar y social) en aspectos centrales del aprendizaje (control motor, conductas propositivas) y del sistema cognitivo (procesos sensoriales, lingüísticos, mnésicos, emocionales): hace que los niños con TDAH destaquen frente al resto en esos aspectos;
  • La dificultad que presentan tanto el diagnóstico diferencial como la determina-ción de comorbilidad (frente a aspectos propiamente evolutivos o secundarios), reflejada en la posibilidad de generar falsos positivos en la evaluación: hace que consideremos los posibles aumentos en el número de diagnósticos a la baja;
  • Lla elevada comorbilidad, que agrava la afectación y empeora la evolución del propio TDAH: incide en el mismo sentido que el primer factor;

Las características psicológicas que directa o indirectamente fomenta la sociedad actual, y que tienden a no fomentar el refuerzo demorado, la atención sostenida, los procesos reflexivos, las estrategias de autocontrol, las habilida-des sociales, y el esfuerzo como valor en sí mismo: no contribuyen a paliar síntomas que se presentan en trastornos como el TDAH, más bien al contrario, a hacerlos más visibles.

Consecuentemente, la pregunta que cabría hacerse en este momento, es si efectivamente han aumentado los diagnósticos de TDAH. La respuesta es breve y concisa: no se han incrementado.

Lo que sí se constata es que han aumentado los conocimientos sobre la materia, las investigaciones, los modelos explicativos, etc. y eso hace que el TDAH se diagnostique a una edad más temprana.

Por lo tanto, en base a los cuatro factores mencionados, y a los datos recién aportados, podríamos resolver nuestro particular dilema diciendo que: está de moda la preocupación por el TDAH, pero no su diagnóstico.

Y mientras esta moda sirva para fomentar la detección precoz del problema en fases incipientes, para aplicar más estrategias paliativas y protectoras frente al trastorno, y para aumentar los conocimientos y los recursos empleados en la evaluación y el tratamiento del TDAH, será positiva y esperanzadora.

Acerca del Autor

Daniel López

Daniel López

Máster Sanitario de Práctica Clínica AEPCCC Galicia

 www.daniellopezpsicologo.jimdo.com

Comentarios (1)

  • Virginia

    Virginia

    07 Noviembre 2013 a las 14:07 |
    En Valencia está la asociación APNADAH (Asociación de Padres para Niños y Adolescentes con Déficit de Atención e Hiperactividad).

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